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© Thomson Reuters, Journal Citation Reports, 2014

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Dilatación de la aorta abdominal en pacientes con enfermedad cerebrovascular isquémica

Abdominal aortic dilatation in patients with ischemic cerebrovascular disease

Javier Tejada García a, Óscar Balboa Arregui b, Fernando Muñoz Núñez c, Luis Enrique Hernández-Echebarría a

a Sección de Neurología. Hospital de León
b Servicio de Radiología. Hospital de León
c Sección de Aparato Digestivo. Hospital de León

Sr. Director: Como es reconocido, los aneurismas de la aorta abdominal pueden considerarse un problema de salud pública1,2. Con la intención de detectarlos, y así prevenir su rotura, se ha valorado realizar programas de rastreo ecográfico en los grupos de población más susceptibles de presentar esta enfermedad: varones mayores de 65 años3, pacientes con marcadores de ateromatosis carotídea1,4-7, coronaria1,4,8 o periférica1,4, e individuos con antecedentes familiares9. El objetivo de este estudio fue evaluar el calibre de la aorta abdominal y la presencia de aneurismas en los pacien tes con enfermedad cerebrovascular isquémica aterotrombótica con el fin de validar la posible utilidad de exploraciones dirigidas a su detección.

Se realizó un estudio prospectivo que incluía a pacientes ingresados en la sección de neurología con un primer episodio de ictus isquémico reversible o con duración superior a 24 h en el período de enero de 1995 a diciembre de 1996. Fueron examinados de forma consecutiva 96 pacientes (el 70% varones; edad media: 67,8 ± 9,1; rango de edad: 48-93 años) a los que se les evaluó el sistema carotídeo extracraneal mediante ecografía para determinar el grado de estenosis y, posteriormente, previo consentimiento informado, el paciente accedía a una nueva sesión ecográfica para evaluar el calibre de la aorta abdominal a nivel infrarre nal. Para obtener un grupo de comparación apropiado, se seleccionaron 96 pacientes (69 va rones y 27 mujeres; edad media: 67,04 ± 12; rango de edad: 45-91 años) remitidos a la sección de gastroenterología para un estudio ecográfico abdominal por sintomatología digestiva y sin historia de enfermedad cerebrovascular o de enfermedad digestiva de origen vascular. Se definió como dilatación de la aorta infrarrenal a aquel diámetro aórtico distal a las arterias renales superior a 25 mm, y se consideró la presencia de un aneurisma cuando el diámetro máximo era igual o superior a 40 mm. En cuanto al análisis estadístico, para la comparación de la distribución de frecuencias, se utilizó la prueba de la *2. La relación entre variables cuantitativas se midió con el coeficiente de correlación de Pearson.

La presencia de un calibre de la aorta abdominal dilatado era significativamente más frecuente en el grupo de los pacientes con enfermedad cerebrovascular que en el grupo de comparación (tabla 1).

No se observaron diferencias significativas en cuanto a la proporción de pacientes con el criterio de aneurisma de la aorta abdominal adoptado para este estudio. En el grupo control, no se detectaron casos en aquellos diámetros (25-40 mm) que podemos considerar fases iniciales del desarrollo de un verdadero aneurisma y, por tanto, susceptibles de vigilancia ecográfica para evaluar su tendencia al crecimiento10. No se observó relación entre el grado de la estenosis carotídea (ipsolateral y contralateral al déficit isquémico) y la dilatación de la aorta, ni tampoco las estenosis más graves se asociaban significativamente a la presencia de dilatación aórtica.

En la época actual, sería difícil justificar la viabilidad económica de los programas de detección de aneurismas de la aorta abdominal realizados en el ámbito de la población general4. Sin embargo, sí tendrían rentabilidad las exploraciones en individuos hospitalizados que, por estar afectados de un determinado proceso arteriopático, van a ser examinados ecográficamente. En el presente trabajo, se ha po dido demostrar que los pacientes con enfermedad cerebrovascular isquémica son un grupo de riesgo para el desarrollo de aneurisma de la aorta abdominal. Con la intención de seleccionar a los pacientes portadores de pequeñas dilataciones de la aorta abdominal, sobre las que se recomienda la utilidad de su seguimiento ecográfico10, se ha preferido utilizar el criterio de dilatación (diámetro superior a 25 mm) junto con el de aneurisma.

La prevalencia del aneurisma de la aorta abdominal ha sido evaluada en los pacientes relacionados directa o indirectamente con la enfermedad cerebrovascular isquémica: sujetos a los que se les realizó una endarteriectomía5 y, más recientemente, en individuos a los que se les realiza una ecografía carotídea, incluidos los afectados y los no afectados de sintomatología isquémica cerebral6,7. Algunos autores3,6 han observado una relación entre las alteraciones ateromatosas carotídeas detectadas con la ecografía y la presencia de aneurisma en la aorta infrarrenal. Este aspecto no se observó en el presente estudio ya que no se detectó una frecuencia más alta de la aorta abdominal dilatada o aneurismática en aquellos sujetos con altos grados de estenosis carotídeas.

El estudio confirma una asociación entre enfermedad cerebrovascular isquémica y dilatación de la aorta abdominal, por lo que el médico implicado en la asistencia a los pacientes con ictus podría considerar la realización de exploraciones dirigidas a su detección.

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